Madre y eternidad


Para mi amiga, Rosmery Valdés Bencomo

Si alguien con buena o mala leche les ha dicho que Raysa White no tiene madre… es cierto, la perdí cuando tenía 17 años. Ella se fue de repente, llena de vida y salud a los 47 años, no fue un accidente fue la falla más grande que nos hizo el destino. Y tuvimos que enfrentarlo, sobre todo mi hermana Cuchín y yo, que éramos las menores.

Yo me hice fuerte, no saben cuánto…porque de tan blandita que era mis hermanos me decían yemita de huevo. Ya no, ahora me dicen otra cosa, que no la debo escribir en este muro.

Pero esa fortaleza, seguridad, renovación se reprodujo en mi interior por sí misma.

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Mi madre, María del Rosario (Rosario), de compras por una calle de Camaguey, por los años cincuenta.

Un día descubrí que mi madre no había muerto. Fue unas semanas después de su supuesta desaparición física.  Yo creo en Dios, por culpa de mi madre, por cierto, porque fue ella quien me enseñó a orar, quizás previendo. En aquella época hablar de Dios no era muy saludable, te podía costar la carrera, un buen trabajo o la militancia del Partido –que como bien decía una amiga era un pase al portador– ; pero yo era una cabeza dura, empecinada y empecé a pedirle a Dios, a nombre de nuestra secreta amistad, que me devolviera a mi madre. Él no cedió, imagínense, a una mujer como esa, le perdonó unos cuantos pecadillos, y se la llevó a lo más alto de los cielos.

Una de mis amigas, a la que le conté estos afanes y que era punto fijo en los seminarios de ateísmo científico -recuerden que esa era una asignatura ¡y había qué aprobarla!-, me regañó y explicó con inquietud: Dios no existe, Raysa. Con mucha pena te digo que tu mamá no fue al cielo, sino a la tierra, porque de la tierra venimos y a ella regresamos. Hasta La Biblia lo dice. Todo eso que sientes es producto de tu imaginación.

Y me aconsejó, de buena samaritana, que no contara a otros tales percepciones, que me mantuviera discreta porque ellos podrían pensar que no andaba bien mi salud mental.

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Vivir sin madre no era cómodo…menos a esa edad, y sobrevivimos, mi hermana y yo, no por resignación  ni por la cura del olvido. En mi caso lo hizo la presencia viva de Dios en mi interior. Mas, yo les digo,  aunque muchos no crean que Jesús nos devolvió la inmortalidad, eternizando el alma; aún cuando muchos no crean en la verdad y el poder de Dios Padre, hay algo que nos mantiene unidos… ese algo es un verbo de altísima resonancia. Ese algo es YO CREO, la expresión infinitesimal de la Fe.  La Fe no es intangible es un corpus que sólo puede ser incubado en el proceso de la inteligencia.

Aunque no queramos ni creamos, la Fe es el combustible que mantiene encendido el motor que transforma el universo, el brazo del que se vale el poder sempiterno para la transformación evolutiva. La naturaleza de la chispa que impulsa la operatividad del talento.

La Fe es nuestra imaginación. Cada uno de nosotros es expresión del Dios vivo, de la mano material que lo sostiene, de la imaginación mutante. Es la imaginación creadora lo que nos ha hecho gigantes.

Todo lo que la mente humana ha concebido, hoy es realidad porque el ser humano HA CREÍDO. Ha creído en el poder de la imaginación para materializar sus ideas.

Y pienso que, por eso, cuando aquella compañera me dio su buen y racional consejo, cerré mi boca, pero mi alma, en su fe, resplandecía. Seguía sintiendo la presencia de mi madre tan cercana que casi podía hablar con ella. Tomé de nuevo la guitarra, cantaba en los matutinos, recuperé los viejos placeres: la música, la lectura, la contemplación del arte…. Algunos pensaron que me invadía la insensibilidad…. ¡cómo es que canta si perdió a su madre hace tan poco!

Nada más lejano… Sabía que mi madre estaba viva…¡¡¡¡¡vivaaaaa!!!!  Si era en mi imaginación, bendita sea, pues que viviese en la Gloria y en mi imaginación, a fin de cuentas había descubierto que la imaginación era la fuente de toda la grandeza del mundo, ¿y qué era la Gloria?…la imaginación de Dios.

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Un comentario en “Madre y eternidad

  1. Gracias mi querida Raysa, gracias por escribir tu experiencia en homenaje a tu vida y a todas las madres del mundo, es un bonito regalo donde trasmites amor, dolor y una experiencia particular dura pero que ha permitido con tu fe hacerte mas fuerte a lo largo de los años…gracias por poder tener el privilegio de leer tus excelentes textos con ese dominio tan especial que posees al escribir, un abrazo.

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