Reflexión

riesgo

Cada día es un riesgo, cada minuto una zona de peligro…una preparación para morir. (r.w.)

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Cuando me acuesto

ventana y libroCuando en la noche me acuesto, abro los brazos y me entrego. Cuando me despierto le digo: Gracias Padre por haber amanecido viva y con salud. Cada minuto de vida es el poder más grande que Dios nos otorga, pero no estamos educados para comprenderlo. Y tratamos de llevar al otro al límite, como si la maldad o la bajeza nos hiciera inmortales. (r. w.)

Y queda declarado

Raysa White

Raysa White.- He decidido este año 2015 no desear FELIZ NAVIDAD a nadie, después de un año que no pudo ser peor, de veras, no quiero que la mayoría me responda como el pavo al gallo: ¡Tu maldita madre! Preferí celebrarme a mí misma y pasarlo feliz en constructiva meditación. Así empecé a escribir anoche este saludo de Navidad.

Es duro, después de entregarte con amor a un proyecto en total gratuidad, por casi todo un año, y recibir:

  • El 40% de envidia.
  • El 80% de ingratitud.
  • Y el 65% de difamaciones, rumores y calumnias.

Sin embargo, recibí un premio grande, el de refinar mi madurez.

¿Cómo pude refinar mi madurez?

  1. Siendo inmune a las críticas.
  2. Trabajando con pasión en el disfrute de la belleza.
  3. Siendo feliz con la alegría de quien se benefició.
  4. Creando bienestar.
  5. Terminando proyectos inconclusos.
  6. Diciendo NO con valentía a la manipulación y el chantaje.
  7. Orando.
  8. Practicando la meditación como herramienta de limpieza y rectificación.

Me hice el propósito de impedir que las personas impresentables crearan nuevos karmas en mí. Lo más difícil fue no dejarme tentar.

Imágenes como esta me hicieron elevar la espiritualidad.

cristianos oran

¿Qué están haciendo estos hombres?

¿Qué creen que están haciendo estos hombres? Mírenlos bien: ni una lágrima.

Están orando.

La fe es más poderosa que el terror

O esta.

cubanos emigrantes frente a la frontera con Nicaragua.

Cubanos emigrantes frente a la frontera con Nicaragua.

Son nuestros hermanos varados en Costa Rica y lo que se ve al fondo es la policía fronteriza de Nicaragua. No olviden esta imagen. Son miles de personas en la desesperación. No se hagan cómplices de este error. Escapar del Infierno es razonable. Pero muchos no se explican por qué tantas personas quieren escapar del Paraíso. ¿Qué está ocurriendo en el Paraíso que tantas personas no quieren seguir viviendo en él? La soberbia, la tozudez y el poder que ha tomado el oportunismo no dejan que la reflexión fluya. Y también un enemigo muy poderoso: el miedo.

¿Por qué se lucha? ¿No es por una sociedad mejor? ¿Por el bienestar de un pueblo? Las ideologías no pueden estar por encima de estos propósitos.

Hay quién por recibir prebendas, acepta;  otros, por aprovecharse para colocar su desperdicio, echan la leña al fuego. Y la soberbia termina ahogando a la Desesperación con represión o sangre. Pero la sangre, recuerden, alimenta a los dioses y fortalece a los espíritus. Quienes derraman sangre para mantener lo que han perdido por ley moral construyen su propio patíbulo. Esto no es una metáfora.

Aceptar o ceder no siempre es muestra de debilidad

Se suma que anoche solo una persona me invitó a cenar. Casi todos los años me invitan cuatro o cinco amigos y amigas. Anoche me invitó una persona que lo paga casi todo, pero no lleva el mando. Una situación similar me había ocurrido hacía más de 20 años en Cuba. La amiga de una persona de una conocida familia me dice: ven esta noche a nuestra cena de Navidad y yo, ingenuamente, fui. Ocurrió que a la hora de servir los platos yo no recibí la cena. No sabía qué hacer. Pensé que era un olvido, un error. Alguien cercano a mí me dijo al oído: Es que no estás entre los invitados. Asumí la situación con un poco de vergüenza. La amiga que se dio cuenta me pregunta por qué no estoy cenando, y yo le digo: Es que yo no fui invitada. Inmediatamente me dice: ¡Yo te invité, que fui la que pagué todo esto!

Lo que la amiga no sabía es que esa celebración, en esa casa, se aprovechaba para organizar ciertos detalles: quiénes serían los jurados en  eventos del próximo año, según tal círculo de influencias; cómo se distribuirían los viajes al extranjero; a quiénes se editarían sus libros, entre otros asuntos. Yo era un testigo incómodo. Tuvieron que salir para el patio. Quedé sola en la sala y, cuando pude, sin que se dieran cuenta,  me escabullí.

Veinte años después me puso Dios la misma prueba. No fui.

Regresaba a mi casa de una institución donde me habían hecho algunos presentes y, en lugar de tomar un taxi, decidí abordar un carrito colectivo que venía con un chofer muy humilde. Le dije: Por favor, llévame hasta mi casa, porque es muy peligrosa la callecita por donde tengo que cruzar a esta hora. Y siéntete libre de recoger a quien tú quieras y cóbrale, yo te voy a pagar lo mismo que al taxi.

En mi casa había algunos alimentos en la nevera, pero yo compré una cena para no tener que calentar.

Finalmente, el chofer no recogió a nadie. Las calles silenciosas, con una o dos parejas  pensativas sobre los quicios, se iluminaban con el brillo de la luna llena de las largas noches. Santo Domingo tan alegre, que en las fiestas rechinan esos bafles indecentes retumbando paredes, callaba. La música, ahora, aparecía como el jamón dentro del arroz en los comedores de becarios. Hay hambre en Dominicana. Quítenles el pie a esos economistas faranduleros que llenan los programas televisivos con dulzones caramelitos de uva. Por favor, despierten.

cena del gatoResultó que al bajarme dejé la cena en el carrito. Al volverme ya el chofer se había ido.

Calienta, Raysa White, y no te enojes porque hoy es Nochebuena. Alégrate, cero deudas y cero karma. Cuando te vayas, tú no regresas a este mundo por nada ni por nadie. Ni el mismo Dios te puede obligar. No anheles volver a compartir con tanta fauna novelesca. Déjalos qué se consuman entre ellos y sean felices en el hedor de su pantano. Eso fue anoche.

Hoy me levanté diferente.

Después de cenar con frutas y comidas frías, había una selección de música para despertar la inteligencia. Dormí como una hora y soñé algunos proyectos. Después, cerré otra vez los ojos e hice dos meditaciones. Una, muy personal, con un salmo que me agrada mucho, y la otra, que se las voy a regalar por haber llegado hasta el final conmigo, se llama “Meditación para expulsar la pobreza”.

Me desperté y di gracias al universo por ejercer en mi la presión de la caridad, porque sin mi cena ¿cómo habría dormido el estómago del señor del carrito?

Me ocurrió algo más, ustedes pueden sentirse o no cristianos, nadie está obligado a serlo y yo no soy evangelista, pero sin ti, Mi Dios ¿cuánto valdría? Me cambiaste la energía. Me llevaste al arrepentimiento. Y aunque ya la Navidad se está escapando, aún me queda tiempo por desear que las malas profecías se deshagan como las olas en la arena y el huracán del deshielo nos agarre con los zapatos puestos.

Imagen-animada-Campana-de-navidad-51A todas y todos los que me han seguido en este año: ¡Mejor 2016!

Y queda declarado.

 

Raysa White, Santo Domingo, 25 de diciembre 2015.

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Reflexión: Volad el ancla

barco bahiaRaysa White .- Vivo pegado al mar. Desde mi ventana se ven los barcos cuando vienen  buscando el calor de la bahía. De tantos años mirar he descubierto algo. Los barcos que entran y salen habitualmente, los que se mueven, los que descargan, cargan, se van y vuelven, no envejecen. Navegan exuberantes por el mar con la plenitud de los vigorosos.

Aquellos que se enamoraron del puerto y no tuvieron el valor de levar anclas. Que se dejaron añoñar por años y se acostumbraron al calorcito del útero de la bahía, se desaliñan y oxidan hasta perforarse y terminan haciendo agua. Afectando el puerto.

Las personas y las cosas se parecen en sus procesos.

Sólo que las personas involucran sentimientos, emociones, intereses de lo cual no participan los objetos.

Hay personas que llegan a nuestro puerto con la intención de descargar y cargar. Igual nosotros. Ocurre que algunas, al descargar, nos enamoramos del puerto y echamos ancla. Pero todos los puertos no son iguales. Algunos, cuando cubres su necesidad, puerto contento. Pero cuando ya no puedes entregarle más, se vuelven insoportables, imperativos y hasta adversarios.

Casi todas las naves que se enamoran del puerto, encallan.

Esto nos lleva a una reflexión defensiva.

¿Quiere decir que no debamos entregarnos? ¿Qué no debamos enamorarnos?apego 1

Es posible amar sin el peligro de quedar varados. Amemos sin perder el derecho a protegernos. Amemos sin anclarnos.

Y esto es válido para todo tipo de relaciones.

Nos anclamos en las relaciones padres hijos.

En este tipo de relación, cuando una parte es feliz la otra es desgraciada porque debe subordinarse a un dominio que se oculta en los sentimientos filiales.

apego 2El anclaje amistoso es también otra fatalidad y más que nauseabunda porque una de las partes va a recurrir a lo que fuese necesario –insidias, chismes, murmuraciones que lleven a la división – para conseguir aislar de los demás a su caro amigo o inapreciable amiga.

Y el más conocido de todos los apegos es el amor de la pareja. Este amor es un juego que puede convertirse en satánico, si consiste en como uno de los contrincantes, entre melosería y reproches, engancha al otro y se le monta como el jinete a la bestia.

El juego parece infantil. Pero no lo es.

Una vez conseguido el objetivo se desarrolla una relación insana donde uno debe ser amado y el otro dejarse amar.

apego 3Ocurre, frecuentemente, que el jinete de tanto amor se empalaga y abandona el juego, dejando sin amparo a la persona anclada quien, la más de las veces, no consigue superar el proceso y termina enferma.

Apegarse o anclarse es un acto negativo.  Un evento peligroso.

Amor es algo más que cubrir una necesidad. Amor significa muchas cosas, lealtad, complicidad, colaboración. Si estos vectores no están en tu romance, tu amor no es sano.

El éxito de las buenas relaciones depende de su madurez. De que una persona y la otra se respeten. De que ninguno sienta que está por encima ni trate de conseguir someterle a su egoísmo.

Ello se consigue colocando las cosas en su lugar, desde el principio. No tengas miedo a perder. Lo que se va es porque no era firme o tenía otros propósitos. Lo que se queda adquiere el valor de la solidez.

Piensa en el desapego como fórmula de placidez. El desapego garantiza la buena salud de una relación. El ansia de que te extrañen. De que te echen de menos.

No te apegues. Ama con autonomía. Tu salud está primero.  ©

También puedes leer El enigma de las relaciones

El artículo fue ideado y escrito por la periodista cubana Raysa White. Está registrado en Derecho de Autor, la copia mínima de cualquiera de sus líneas constituye delito y será notificado a las partes legales competentes. Puede ser reproducido si se mantiene el debido respeto a la autoría del mismo. No es necesario hacer publicidad a la fuente.

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Reflexiones: La imaginación

picassoLa imaginación pudiera ser una virtud, sino diese lugar a obsesiones que la limitan …pues suele ser, a veces, paradójica la imaginación. O ¿acaso no has conocido personas que mientras más pequeñas son… más grandes se ven ante el espejo? (r.w.)

El poder de Jesús

Por Raysa White

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obra de la artista cubana Amarilis Veliz Diepa

Rebobinando la cinta de mis recuerdos, tomo conciencia de los momentos que viví: enferma, deshidratada, sin recursos económicos ni nadie que pudiera sostenerme. Echada en un inhóspito cuartito –sin luz y bautizado con chorreras de agua-cada vez que caía un aguacero; llena de deudas –que pagaba con un contrato milagrosamente concedido por una institución del estado-, y más de dos chillando para que me dejaran sin él. Pudo haber sido que el dolor, de tan tenaz, no dejaba al cerebro espacio para pensar, pero mi situación física no podía ser más delicada.

Sin embargo, nunca se alojó en mi conciencia el tema: ¿Qué será de mi vida? Pudiera decirse que nunca fui consciente del proceso por el que estaba pasando. Mi opción fue encomendarme al Señor, no con la ansiedad del preocupado, sino como el hijo indisciplinado que conoce su falta y está dispuesto a pagar por ella. No me sentía con moral para otra cosa.

Hice el retiro con mi comunidad y luego sola. Cierto es que Dios nos escucha siempre, mas pienso que es beneficioso compartir espiritualmente en comunidad porque somos parte de ella y nuestras decisiones afectan al inconsciente colectivo. A la vez, no está de más lo hagamos individualmente, conversando con lo interno, donde también existe una colectividad íntima –el misterioso trino- del cual necesitamos consenso.

Ahí tomé responsabilidad de mis errores fundamentales e hice el compromiso de repararlos. Y a partir de ese momento –apoyada en la oración- comencé a levantar mi vida.

Y descubrí que si estamos dispuestos a empezar de la nada, con humildad, seremos rescatados. Si estamos dispuestos a adherirnos a su proyecto, Jesús nos protege. Y a través de sus fieles, sus ejércitos, las fuerzas de las que Él dispone, su protección se hace firme.

¿Qué nos pide Jesús? Primero, reconocer a un solo Dios, como único y verdadero. Esta noción es muy importante porque hay quienes personalizan a Dios a su imagen y conveniencia. De modo que en lugar de temer u obedecer al Altísimo, temen y obedecen al monstruo que llevan dentro ¿La otra condición? Estar en disposición de amar a los otros y, en la medida de nuestras posibilidades, como recomendaba Pablo, mantenernos en armonía con ellos. Decirlo es fácil ¡Qué reto! Tener que amar a tanta gente miserable, a quien te violó a tu hija, a quien asesinó a tu padre a quien destruyó tu matrimonio, a quién te desacredita por rivalidad o habla mal de ti sin conocerte.  Qué rareza aceptar a quien te traiciona, insulta, te rumora, te humilla o se burla de ti, y después lo ves comulgando en el templo o besándole al cura la sotana.

¿Qué Dios me regaló, después de tantos sinsabores?  La Verdad del amor.

¿Y qué visualicé después de este regalo? Que el Amor es algo imponderable. Sólo el amor protege de la traición. Nos aleja de la deslealtad y el egoísmo de los que nos rodean. Nos mueve al compromiso con el que sufre y nos provee de fuerza para ser consecuentes con una causa. El amor es un atributo que, si tiene una naturaleza verdadera, sobrepasa el poder del dolor.

Muchas personas piensan y afirman que del amor pasamos al dolor. No creo que la transición se dé de este modo. Es el dolor quien nos hace reconocer la fuerza del amor cuando logramos trascenderlo en función de una creencia, proyecto o utopía.

Esa es la lección que nos dio Jesús, el Nazareno.

Jesús nos probó que en la naturaleza humana había un componente más efectivo que el miedo y el dolor. Y lo probó en la cruz con el sacrificio de su carne.

Para demostrar su tesis, aceptó nacer como humano, es decir, encarnar. Este proyecto trajo una nueva noción al espíritu: la re-encarnación. Porque el premio que el Padre otorgó a Jesús fue el poder de la vida eterna, a través de la autoridad sobre las huestes espirituales.

La espada de Jesús es el amor.

Si amamos a Jesús es que hemos aceptado el poder del amor. Pero Jesús en su infinita inteligencia pide pruebas de ese amor. ¿Por qué? Él cuando nos elige nos está entregando algo grande, y lo grande no se da porque sí. No estamos hablando de misericordia, sino de lo que se va a poseer para misiones de gloria. Así como el Padre nos da “gracias”, Jesús nos otorga poder. Un poder que debe ser correctamente ejercido, por eso debemos estar adheridos a Él, en obediencia, porque de Él viene la razón -la verdad- de la misión.

De ahí que cuando yo clamé Él me respondiera con su misericordia –que es con su Amor- y me enviara este mensaje: Voy a levantarte de entre las piedras. Llegará el tiempo en que yo te pediré un sacrificio para saber si tú me amas. Estad lista.

No se trata de una respuesta exclusiva. Muchas personas han recibido esta respuesta.

¿Qué necesita Jesús de nosotros? ¿No vive Él muy bien en las alturas? ¿Por qué acudir a auxiliarnos? Porque nos AMA. ¿Pero va a echar sus perlas al cerdo? Decididamente, no. Él nos conoce. Es bueno recordar la parábola del joven Natanael cuando descansaba debajo de la higuera. (San Juan 1, 45-51).

Seamos quienes seamos Él sabe cada cual a quién lleva dentro. Hayamos lo que hayamos hecho Él sabe a quién puede entregar su espada y convertir en guerrero de la luz.

Con ese amigo de tu lado ¿qué mayor poder quieres tener? ©

UNA HISTORIA MUY ANTIGUA O YO LO QUE QUIERO ES “MI PEDACITO”

Sé que nada me pertenece sino el pensamiento que sin grilletes fluye de mi alma, y todo momento favorable que el destino clemente me permite gozar profundamente.

Goethe

Por  Raysa White

Como los maestros lamas, solo tengo que ponerme en una posición sosegada, cerrar los ojos y no dejar que en el proceso intervenga la razón. Salgo de mi cuerpo y floto. En minutos, -minutos es un decir, puesto que el concepto “duración” es algo que no puedo precisar, ya que el tiempo en ese estado no se percibe- comienzo a trasladarme hacia regiones inexploradas. Todo está ahí como si alguien lo hubiese filmado o grabado. En aquella región enorme y despoblada, animales gigantescos deambulan como transeúntes en la Calle ocho o en el histórico Malecón de La Habana.

De repente un grupo enorme de seres semidesnudos o vestidos con pieles de animales y andar desesperado rodean a uno de aquellos gigantones que, ya sea desperdigado, escapado o extraviado, ha quedado solo. La historia es conocida. En un tiempo relativamente corto –pues para Dios cada semana es un siglo- esos individuos, si se quiere, diminutos; han vencido a los sauros.

Pero ocurre que cada vez, hay menos de ellos que se animan a luchar. Matar sauros es un riesgo muy grande, además casi no quedan sauros. La parte más sustanciosa de las carnes y las pieles ha sido resguardada por un grupo élite, que, a decir verdad, demostraron no solo ser los más audaces, sino los más hábiles y quedaron como fuerza regidora.

A este grupo ahora le embargan las preocupaciones. Han sacado cuentas y confirman que tienen carnes y pieles hasta digamos diez años; pero después de esos diez años de qué se proveerán. Los consejeros conocen un secreto que aún no se ha dicho: la tierra también provee desde adentro, si se llenan de ánimo, la abren, roturan, amansan y alimentan. Pero este trabajo que no es tan peligroso, pero si más duro que matar, no garantiza la tajada justa. La gente no se anima.

Cuando piensan que todo está perdido el grupo consejero le propone a los jefes de la tribu: Dale a cada cual su pedacito, ¿no es lo que están clamando?, y prométanles que los van a resguardar de todos los peligros interiores y exteriores por sólo un diezmo. Que lo demás es de ellos y con ello pueden hacer lo que quieran: consumirlo, regalarlo o intercambiarlo.

La humanidad -cuya naturaleza es naturalmente egoísta- fue feliz por un tiempo, y creció como la boca de un hipopótamo hambriento; las mujeres parían y parían por racimos…era tanta la felicidad.

Pero un día el pedacito no les alcanzaba o no les rendía lo mismo. No había más espacio; querían un pedacito más grande.

Se descubrieron algunos síntomas de desigualdad sin que mediara orden ni decreto, por ejemplo, algunas familias se habían excedido en la multiplicación de su prole, lo cual no era mal visto, a fin de cuentas se necesitaban más gentes para domar esas inhóspitas regiones.  Alguien de los fuertes sugirió: -Ayudémosle un poco con lo nuestro, si se quiere tenemos de sobra.

Y así, probablemente, nació lo que en posterior se llamaría “subvención del Estado”.

A los que no habían dedicado el tiempo a trabajar su tierra porque no les venía bien al cuerpo, -ya que, si el Estado lo da, ¿por qué contradecirlo?- , amenazaron con quitárselas. De ahí nació la mendicidad y las primeras células militares porque muchos no querían enmendarse dócilmente.

Sin embargo, ocurrió un tercer caso.

A Juan y a su vecino le habían dado la misma cantidad de tierra, una al lado de la otra. Pero ocurría que en la de Juan, sin nadie poner mano, crecían las plantas solas; mientras que en la de su vecino debían trabajar duro para hacer que esa tierra produjera. A Juan le costaba menos crecer en abundancia, que a su vecino. Miles de años después descubrieron que por debajo de la de Juan corría un manantial que la humedecía; no había por qué cargar aguas ni fabricar grandes estanques para almacenarla cuando llovía. También se supo que las semillas, en la tierra de Juan, la dejaban caer los insectos cuando tomaban el polen de las flores de su vecino, no por privilegio de nada, sino por descuido. Pero en ese tiempo ¿quién se lo iba a imaginar? A ello se le llamó tener suerte.

Comenzaron a pensar en la injusticia divina y clamaban y clamaban y clamaban, pero ni Dios podía quitarles a esos seres lo que por ley de gracia habían recibido.

Y comenzó el desanimo de nuevo.

El síndrome de la primera y lógica desigualdad entre la pequeña élite y las masas había hecho metástasis por toda la tribu y no lo aceptaba el de igual a igual. Emergió la envidia, la rabia y la desilusión. Se agudizaron los conflictos. Y nació también el brujo y la brujería. Se complejizó la sociedad.

Desde allá a acá, el gran problema es y será: la distribución.

De hecho insoluble.

No hay ley que la unifique, ni siquiera la divina. A ello han dedicado su vida entera los cerebros más brillantes del género humano. Se han derramado ríos de sangre. Y se han creado cientos de ideologías. La igualdad en la distribución no es posible.

El cristianismo trató de llevar a las personas a este concepto y fracasó. Masas recostadas contra las paredes, no tiraban un golpe. Por el contrario, refunfuñaban. Debe esclarecerse que el cristianismo, en este sentido, no desarrolló ideas de Cristo, pues Cristo no trató temas de economía. Cristo se rebeló en contra de los egoísmos de aquellos que tenían bienes mucho mayor de lo que necesitaban, y los apretaban contra sí como si fueran criaturas fruto del amor. Él, más bien, se movía en terrenos de ética.

Los llamados apóstoles cristianos, conscientes de la repugnancia que Cristo sentía hacia el amor desmedido por lo material, crearon comunidades tratando de que estuvieran alejadas del egoísmo; y donde lo fundamental consistía en amar al Sacrificado, porque por Él se iba al Padre, y amarse el uno al otro para que, entre otros valores, floreciera la colaboración. Pero debemos detenernos en un detalle, el cristianismo que llega a nosotros viene a través de la labor de Pablo, un romano que va a parar a las comunidades griegas, y contamina las intenciones de Cristo con la cultura helénica, en especial, de ciertas corrientes filosóficas de gran potencial humanístico que habían tomado ya fuerzas en la intelectualidad griega, y dondequiera que esos griegos pusieron residencia. (*)

Al cristianismo suelen identificarlo con la igualdad, pero Cristo no tiene que ver con esto. La noción de Cristo iba más allá que una repartición de trastos. Porque eso es lo material, trastos y cachivaches que con el tiempo se deterioran o desaparecen. Hasta nuestros cuerpos se convierten en polvo.  Por eso me desconsuelo cuando algunos piensan que la solución es volver atrás y sacan la bandera del “pedacito”.

El “pedacito” es fatal. Volver a fragmentar el mundo.

Por eso comencé por la historia, desde luego grosso modo, de la humanidad. Darme “mi pedacito” es reproducir el mal. En primer lugar, porque como se ha visto, el mundo ya está repartido, habría que quitárselo a otro, y reproducir cada cierto ciclo el “quitar” para “dar”; un “quitárselo”, que no queda otra que hacerlo a la fuerza,  lo que no es aconsejable, pues a la larga trae rencor y más violencia; incorporándose por añadidura un sentimiento de injusticia que se traslada de hijo en hijo y de familia en familia reproduciendo la negatividad y el odio. Potencial monstruoso que suele caminar por dentro, lentamente y sin control externo. Sólo está esperando una señal para proyectarse como un trueno.

El clamor por “mi pedacito” es el modo estrecho y natural de ver la distribución.

Yo, que cada vez siento estar más cerca de Dios, elevo mi ansiedad a planos más sutiles. Pienso que la vida se nos va martillando remaches, para que el dique de nuestras pequeñas y particulares presas no se desmadre. Porque así ha quedado el mundo: partido en pedacitos. ¿Y el resultado cuál ha sido? No hace falta contarlo.

(*) La historia de Platón es un fiel reflejo de esta afirmación. Ver todo el periplo del sabio en sus forzados exilios o destierros.