El baúl

cava dos tumbas

Los seres humanos llevamos dentro -me incluyo- un baúl de rencor. Y lo llenamos, a veces, por nimiedades. Ejemplo, alguien le esquivó el saludo, quién sabe si no se dio cuenta, pero desde ese momento queda el baúl abierto y quien negó el saludo, condenado. Y así pasan la vida -pasamos- con el baúl a cuestas. Abierto a cualquier nimiedad. Colmado de odio. Y de celos, que es peor que el odio, porque al odio lo fecundan razones. Pero los celos se engendran en el fango visceral de las bajas pasiones. (r.w.)

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Reflexiones: ¿Vale la pena la envidia?

Grande malum invidia, Otto Vaenius, Q. Horatii Flacci Emblemata (1612)

Raysa White

De tanto que Dios la desprecia, la envidia fue considerada un pecado capital. Es totalmente insospechado el escozor que produce en el organismo de las personas este mezquino sentimiento. Por envidia se ha llegado hasta el crimen. Pero el crimen más grande lo cometemos con nosotros mismos cuando dejamos que este sentimiento se apodere de nuestro organismo. El poder destructor de la envidia es tan eficaz que tiene la capacidad de transformar la estructura de nuestras células y convertirlas en diminutos monstruos. De hecho se ha probado que algunos cánceres provienen de la tristeza o el maligno escozor por no saber revertir el efecto de las frustraciones. Es necesarios trabajar nuestro interior contra la envidia, no sólo para evitar que nos caiga encima el peso de nuestra propia maldad y bajo espíritu, sino por el tiempo y vida que perdemos en una torpe batalla. No olvides que con la envidia estás favoreciendo a la persona envidiada. La estás valorando. ¿O es que acaso se envidia lo mediano?

Imagen: Grande malum invidia, Otto Vaenius, Q. Horatii Flacci Emblemata (1612).